Jóvenes, sin oportunidades y con una crisis de identidad convertidos en terroristas suicidas

Irene Infante

Pie de foto: luces de Navidad en el barrio de Molenbeek el pasado noviembre. James Arthur Gekiere/AFP via Getty Images

Tras un atentado terrorista suicida como el acaecido en Bruselas unos días atrás, una de las preguntas que la sociedad afectada se cuestiona gira en torno a los motivos que llevan a un grupo de individuos a ponerse un chaleco de explosivos para segar su vida y la de cuantos más, mejor.

Esta pregunta es complicada de responder; sin embargo, si se quiere tratar de comprender el fenómeno de captación terrorista, es necesario ahondar en los métodos de radicalización yihadista, a través de la cual se adoptan “creencias que justifican tanto utilitaria como moralmente el terrorismo inspirado en una versión salafista y a la vez belicosa del credo islámico”, como indican los investigadores Carola García-Calvo y Fernando Reinares.

La captación y reclutamiento de terroristas en el yihadismo

Esta particular visión se difunde a través de algunos lugares de culto, domicilios privados y prisiones, de la mano de figuras religiosas carismáticas, cuyo lenguaje acaba calando en los jóvenes que lo escuchan. En los últimos tiempos, las redes sociales han adquirido un papel fundamental en la captación de yihadistas, con el empleo de un vocabulario atrayente a los jóvenes varones pertenecientes a una determinada subcultura, y la articulación de una realidad en torno a la figura del ‘mártir islámico’ que dista de ser la verdadera.

En la mayoría de los casos, la radicalización tiene lugar en el seno de un grupo de jóvenes. De este modo, normalmente no se produce la radicalización de un individuo ‘de forma aislada frente al ordenador’. A pesar de esto, en los últimos años se han registrado numerosos llamamientos por parte de las organizaciones terroristas salafistas Al-Qaeda y Daesh para que los jóvenes atenten de forma individual en las ciudades europeas en las que residen.

Así, la maquinaria de marketing del terrorismo yihadista salafista a través de redes sociales se ha orquestado de forma que muchos ciudadanos son seducidos por la ‘yihad global’ que se promueve a través de los apocalípticos mensajes. Al mismo tiempo, como es habitual en el terrorismo yihadista, las imágenes de las guerras que están teniendo lugar en Oriente Medio – desde el año 2011, la de Siria– son utilizadas por los terroristas para incitar a los jóvenes a reaccionar ante la muerte de miles de compatriotas suyos. Ante esto, muchos de ellos viajan a Siria, y regresan a suelo europeo radicalizados.

Pie de foto: Imagen del vagón del Metro de Bruselas tras el atentado terrorista

El patrón que se repite en los atentados

El patrón que se ha repetido en los atentados del pasado año y en noviembre en París, Bruselas y en otros como el de Casablanca en el año 2003 es el de jóvenes con un reducido abanico de oportunidades, cuyo día a día tiene lugar en un espectro de la sociedad casi marginal que actúa como abono para que cale el mensaje de los agentes de reclutamiento yihadista.

El proceso de radicalización de los autores materiales de estos atentados es largo y complejo, pues la integración en un grupo terrorista no se realiza de la noche a la mañana, sino que el individuo evoluciona hacia el radicalismo influido por determinadas circunstancias personales y en un característico caldo de cultivo, presente en ciertos ámbitos de la sociedad occidental en los que no se vislumbra una opción de futuro. Esta realidad es utilizada por los que planifican los atentados terroristas suicidas para convencer a los futuros inmolados de la idoneidad del ‘martirio’ en la lucha contra el llamado ‘infiel’.

Los factores de riesgo de reclutamiento yihadista son variados, y entre ellos se encuentran la juventud desocupada, la rebeldía y valentía malentendidas, la existencia de guetos urbanos con un alto nivel de deterioro, la pobreza, la desestructuración familiar, la falta de identidad de los jóvenes, afectados por la percepción de exclusión de la sociedad, y el vandalismo.

De este modo, en la mayoría de casos la crisis de identidad de los jóvenes es un rasgo común que facilita su captación como terroristas islámicos. Es en las insatisfechas segundas y terceras generaciones de musulmanes europeos donde existe una mayor movilización terrorista, pues la primera generación suele convivir sin problemas sustanciales en el tejido social, y son los hijos y los nietos de estos emigrantes del Norte de África y Oriente Próximo los que sienten no pertenecer ni a Europa ni al país de origen de los progenitores. Así, se mantienen segregados en una especie de limbo entre dos realidades, culturas y países diferentes, y es en la subcultura yihadista donde encuentran solución a las carencias que presentan, pues se convencen de que pertenecen a la “nación islámica”, cuyo fin es la articulación del Califato.

Asimismo, la agresividad y el vandalismo suelen ser rasgos de la estructura social vulnerable a la captación como terroristas para la realización de actos violentos. En el caso de algunos de los autores materiales de los atentados de Bruselas, los hermanos Jalid y Brahim El Bakraoui, ambos de origen árabe y con nacionalidad belga, eran conocidos por la policía por sus actos vandálicos, achacables a una juventud algo desordenada, pero no a su captación como terroristas yihadistas suicidas.

Ante esta situación, no es admisible que la desarticulación de la narrativa yihadista y la promoción de medidas que faciliten las oportunidades entre las jóvenes generaciones de musulmanes en Europa se haga esperar, pues la conjunción de ambas desemboca en actos terroristas como los de Bruselas. En el caso de los jovencísimos autores de los atentados de Casablanca, estos procedían de los suburbios de Sidi Moumen, con reducidas expectativas de futuro y en un elevado grado de marginación social, situación en la que fueron convencidos de que el camino correcto era el de la yihad violenta.

Asimismo, el barrio de Molenbeek de Bruselas, lugar en el que crecieron y residían los terroristas de Bruselas y tres de los autores del atentado de París –incluido Salah Abdeslam, detenido unos pocos días antes de los atentados de Bruselas– guarda conexiones desde hace algunos años con el terrorismo yihadista. En él se dan varias de las características que pueden incitar a los jóvenes a unirse a la ‘yihad’: abunda el desempleo, está constituido como un gueto en una zona marginada de Bruselas y muchos de sus habitantes no se consideran ni de su país de origen ni belgas. La elevada presencia musulmana del barrio permite a los terroristas ‘camuflarse’ en el interior de Molenbeek y planificar los atentados en el corazón de Europa desde la propia Europa.

Así, tal y como indica el profesor Titular de Derecho Penal de la Universidad de Granada y autor de ‘Generación Yihad’, Miguel Ángel Cano, “la salida contra su frustración es el terrorismo islamista, que les hace sentirse parte de una comunidad. Son sujetos con pasaporte europeo pero que se sienten víctimas de una marginación socioeconómica por parte de la sociedad mayoritaria, lo cual lleva irremisiblemente a un estado de frustración respecto a sus perspectivas de futuro en la sociedad de acogida. Hace años la salida a esa frustración eran el rap y la delincuencia común. Pero ahora son la yihad y el Estado Islámico”.

Pie de foto: Zona de chabolas en las afueras de París

La reducida actuación de Europa contra el yihadismo salafista

A pesar de la adopción de la Estrategia Europea de Seguridad de 2003 y la Estrategia de la Unión Europea contra el Terrorismo de 2005, la sociedad europea no está consiguiendo convencer a miles de jóvenes de que existe un futuro sin la adopción de las armas y el chaleco con explosivos. Este sector de la sociedad, a su vez, no es capaz de lograr encontrar otra salida a su frustación que no sea el radicalismo yihadista.

La prevención del radicalismo es materia de los diversos estados miembros de la UE, y aunque en la Estrategia de la UE contra el Terrorismo se detalla que se deben “desarrollar acciones comunes para identificar y abordar los comportamientos problemáticos; abordar la incitación y la captación en los lugares propicios (prisiones, lugares de culto, etc.); establecer un diálogo intercultural; explicar mejor las políticas europeas; promover (por medio de programas de ayuda) el buen gobierno, la democracia, la educación y la prosperidad económica y continuar las investigaciones en este ámbito y compartir experiencias y análisis”, a la vista de la realidad actual, las políticas no están teniendo los resultados esperados en los colectivos calificados ‘en riesgo o vulnerables’.

En el caso de España, el ‘Plan Estratégico Nacional de lucha contra la radicalización violenta’ contempla la actuación del Grupo Local y Nacional una vez se ha detectado el foco de radicalización, pero no de forma preventiva. El propio plan ejemplifica una posible intervención con las siguientes palabras: “detectado el foco de radicalización en una barriada de una localidad […]”, lo que demuestra que las autoridades han identificado los lugares considerados de riesgo debido al bajo nivel socioeconómico de las construcciones que lo conforman.

Asimismo, también en el caso de nuestro país, en el ‘Acuerdo para afianzar la unidad en defensa de las libertades y en la lucha contra el terrorismo’ de febrero del pasado año, más conocido como ‘Pacto Antiyihadista’, se detalla que los instrumentos más adecuados para luchar contra el terrorismo yihadista son la “acción de las Fuerzas y Cuerpos de seguridad, la actuación de Jueces y Tribunales y la cooperación internacional”, sin ahondar en algunas de las causas que facilitan el reclutamiento yihadista y sin ponerles remedio. Respecto a esto, únicamente se expone que se debe “promover en el seno de la Unión Europea y en las instituciones internacionales la adopción de políticas de prevención, persecución, cooperación y sanción penal contra el terrorismo”, pero sin explicar en qué consistirán las mencionadas medidas de prevención frente al terrorismo.

De este modo, la lucha contra el yihadismo de corte salafista no puede reducirse al ámbito de la defensa y la seguridad, sino que será necesario poner en marcha instrumentos políticos y sociales que actúen de forma integrada a la actuación policial y militar. Así, será la inversión de tiempo y dinero de forma real y efectiva en estos lugares apartados dentro de las ciudades europeas –entre ellos Molenbeek– la que se deba adoptar si se quiere evitar que cale el mensaje yihadista salafista, y prevenir de esta forma la captación de individuos con el fin de ser utilizados como terroristas suicidas. 

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